Nuestra historia

TODOS TENEMOS UN SUEÑO POR CUMPLIR

2013 para mi fue un año importante.

Te quiero contar algo de años atrás. Miguel y yo empezamos a ser “novios” en 2007, pronto nos fuimos a vivir juntos, teníamos trabajo, vivíamos bien, una parejita joven que quería comerse el mundo. Como todos imagino.

Todo iba bien, hasta 2011 que la salud salió por nuestra puerta. Nunca habíamos sido de formalizar nuestra relación, nosotros ya eramos pareja, ya empezábamos a ser una familia de 2. Y bien agustito, oye!

Estábamos poniendo el suelo de nuestra casa, en Semana Santa y ese mismo día él empezó a estar raro. Le veía extraño, no respondía a lo que le decía, su mirada estaba perdida. Decidimos ir al hospital. Inmediatamente, ingresó. No sabíamos que pasaba. Los médicos tampoco sabían decirnos. A mí, se me vino el mundo encima. El mundo en ese momento se para. Todo lo anterior deja de tener sentido. Todo.

Qué importante es la vida y la salud cuando ves que peligra, que te falta.

Esa semana estuve día y noche con él en la silla del hospital. Él a penas hablaba, a penas contestaba, no sonreía, te miraba como si no te conociera. ¿Dónde estaba esa mirada cómplice que teníamos? ¿Esa mirada que, cuando había incertidumbres me decía, “todo va a salir bien, tranquila”? No estaba, sólo me quedaba mirar por la ventana, la televisión ya no apetecía verla. Sólo me levantaba a por café para sobrevivir, sin hambre. La cabeza me daba mil vueltas, ¿por qué a mi?, ¿qué hemos hecho?, ¿por qué nos sucede esto con 20 años que tenemos y  toda la vida por delante? ¿y si se acaba aquí todo esto?

Los largos paseos hasta la máquina de café en un pasillo lleno de carteles que indicaban cada zona, se me venían muchas cosas a la cabeza, me daba tiempo a pensar. A veces demasiado. Me di cuenta de que era una de las personas más importante de mi vida, ¿por qué seguimos como al principio? Yo quiero formar una familia con él.

Después de una semana de ingreso, pruebas neurológicas, descartar enfermedades realmente jod**** sin saber qué sucedía, nos mandaron a casa. Él se encontraba igual pero, aparentemente su salud estaba bien. Una desazón nos inundó a todos. Pero a veces, no hay respuestas. Hoy él a penas se acuerda de ello, no tiene ese recuerdo, su mente decidió borrarlo.

Así que decidimos casarnos el 6 de julio de 2013. Nunca había sido de formalizar nada, pero era el momento. Fue un día guay, le canté y todo una canción, ahí, delante de todo el mundo. Con lo vergonzosa que yo soy… Pero a veces, no sabes de donde te sale, y en lugar de entrar en pánico, te relajas y disfrutas.

Decidimos contratar nuestra luna de miel para ir a Nueva York y Méjico.  Por distintos motivos la luna de miel corria peligro, pensamos que no íbamos a poder ir, pero finalmente nuestro sueño se hizo realidad.

Una ciudad que te recomiendo que visites en algún momento de tu vida, si no lo has hecho aún. Tan, tan cosmopolita que me enamoré de ella.

Como muchísima gente que la visita decidimos llevar una maleta gigantesca vacía, para traerla llena, de recuerdos, de cosas que aquí no encuentras.

En una de nuestras conversaciones, ya llevábamos tiempo queriendo emprender. Siempre hemos sido de ideas, de querer montar algo, pero todos los modelos de negocio que veíamos no nos llamaban 100% la atención.

Allí lo vimos claro, teníamos que tener un negocio, sí o sí.

Disfrutando muchísimo en esas vacaciones, visitamos multitud de tiendas que son difíciles de encontrar en cualquier otra parte del mundo. Él y yo tenemos pasión por la moda desde siempre.

En una de esas visitas entramos a una tienda después de ver un modelo que nos gustó en un escaparate, unas zapatillas impresionantes! Total que entramos en ella pero mi talla no la tenían. Yo que mido poco más de metro y medio no encontraba calzado para mí. Su tallaje era más grande porque los americanos son muuucho más grandes que los españoles, por norma general.  Tenía que ir a la zona de niños y allí no encontré lo que buscaba.

Recuerdo perfectamente la cara de una dependienta de piel oscura a la que tenía que mirar echando el cuello para atrás de lo alta que era y después de probarme 10 zapatillas para ver si encontrábamos el modelo que me cupiera, me dijo sonriendo. “It´s that you´re very shortish”. Eres muy chiquitilla, pequeñita, bajita.

A fuego se me quedó grabada esa frase. No te vayas a creer, me lo dijeron en varios sitios más así que yo me volví a España sin zapatillas pero con una palabreja cariñosa nueva en mi vocabulario, que se dice mucho por allí. SHORTISH.

Cuando decidimos crear la marca en 2014, lo tuve claro desde el principio. No le iba a poner un nombre sin significado, era una marca muy personal, teníamos mucho que decir, y el nombre para mi era lo más importante.

Las agencias de marketing me decían que había que cambiarlo, que no , que la gente no lo iba a recordar, que era difícil de escribir, difícil de decir, pero a mí eso me dio igual. La marca tenía que tener un por qué en cada cosa que formaba parte de ella.

En estos años cuando se refieren a ella o la escriben me hace gracia. Nos han llamado Chortis, Sorti, Solti..

Es fácil de pronunciar “Sortis” con la “o” un poco abierta “Ssssortis”.

Dilo como quieras, sonreiré cuando lo hagas.

El caso es que sepas que Shortish está aquí para hacerte la vida un poco más fácil.  A ti mamá, cuando piensas en cómo educar a tus hijos para que sean libres y buenas personas, en darles lo mejor, para tí que quieres hacer las cosas de otra manera, para ti que miras distinto, para ti que quieres cambiar las cosas en el mundo, por ellos.

Gracias por formar parte de nuestra historia.

Un abrazo.

Bea

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